El criterio se construía de una sola forma: haciendo el trabajo mal doscientas veces. Escribías la propuesta mala, el cliente no contestaba, y a la vez número cuarenta empezabas a oler cuál iba a funcionar antes de mandarla.
Ese mecanismo se rompió. Ahora la primera propuesta sale decente. Y una propuesta decente que no te costó nada no te enseña absolutamente nada: te ahorra el trabajo y también te ahorra el aprendizaje que venía adentro.
El resultado es un tipo nuevo de profesional que produce mucho más de lo que entiende. Se nota rápido, porque cuando algo falla no sabe por dónde entrarle. Lo que sigue son tres ejercicios para reconstruir el criterio a propósito, ya que dejó de venir gratis con la repetición.
Qué es criterio, en términos operativos
Criterio no es "buen gusto". Es la capacidad de contestar tres preguntas antes de que las circunstancias te obliguen:
- ¿Cuál de estas opciones y por qué? — la elección.
- ¿Qué está mal en esto que se ve bien? — la revisión.
- ¿Qué le falta para que sirva de verdad? — el remate.
Cada una se entrena distinto. Y las tres se pueden practicar con la misma herramienta que te las estaba quitando, si la usas al revés de como la usa todo el mundo.
Ejercicio 1 — La elección
El uso normal es pedir una versión y quedártela. El ejercicio es pedir varias y tener que elegir, lo cual te obliga a articular por qué.
Pero hay una trampa: si le pides al modelo cinco versiones y luego le preguntas cuál es la mejor, no practicaste nada. La secuencia correcta es elegir primero, en silencio, y solo después contrastar.
Dame 5 versiones de [la pieza] que sean genuinamente
distintas entre sí: distinto ángulo, distinta estructura,
distinto nivel de riesgo. No cinco variaciones de la misma.
Numéralas del 1 al 5. No me digas cuál te parece mejor.
No las expliques. No las etiquetes ("la conservadora",
"la audaz"). Solo las cinco versiones.
Ahora la parte que importa. Antes de leer nada más, escribe en un papel: cuál elegiste, y tres razones. Tres, no una. Después:
Elegí la número [X]. Estas son mis tres razones: [pégalas].
Dime en qué me estoy equivocando. En concreto:
- Qué criterio estoy usando que no aplica a este caso.
- Qué riesgo de la opción que elegí no vi.
- Cuál de las otras cuatro habría sido mejor si el objetivo
fuera [otro objetivo plausible] y por qué.
No me des la razón por cortesía. Si mi elección está bien,
dilo en una línea y pasa directo a los riesgos.
El aprendizaje no está en acertar. Está en la brecha entre las razones que escribiste y las que resultaron ser las que importaban. Al mes de hacer esto vas a notar que tus tres razones se parecen cada vez más a las que salen del otro lado. Eso es criterio formándose, y es medible.
Ejercicio 2 — La revisión
Revisar lo que te entrega el modelo es más difícil que revisar lo que escribió un becario, por una razón incómoda: está mejor redactado. La fluidez apaga la sospecha. Un texto bien escrito con un dato falso adentro pasa desapercibido; el mismo dato falso con mala redacción salta.
El ejercicio para entrenar contra eso es el error plantado. Le pides al modelo que meta fallas a propósito y tú las cazas.
Toma este documento y devuélvemelo con exactamente 4 errores
introducidos a propósito, de estos tipos:
- 1 dato numérico alterado de forma verosímil.
- 1 relación causa-efecto invertida.
- 1 conclusión que no se sigue de la evidencia presentada.
- 1 omisión: quita una condición o excepción importante sin
avisar en el texto.
No los marques. No cambies el tono ni la estructura. El
documento tiene que verse tan sólido como el original.
Al final, en un bloque aparte separado por una línea de
guiones, lista los 4 errores y dónde quedaron. No voy a leer
ese bloque hasta terminar mi revisión.
Hazlo con un documento de tu propio trabajo, no con un texto genérico. La primera vez vas a encontrar dos de cuatro y va a doler. Casi siempre el que se escapa es la omisión, porque revisamos lo que está y no lo que falta, y en operación real lo que falta es lo que te cuesta dinero.
Un equipo de finanzas con el que trabajo lo corre una vez al mes sobre el resumen del cierre. No es paranoia: es que la persona que revisa se mantiene entrenada en buscar, y eso se nota cuando el error no fue plantado.
El paso que todo mundo se salta: pedir la fuente antes de pedir el análisis. El orden importa. Si primero lees el análisis, tu cerebro ya construyó la conclusión y las fuentes se vuelven confirmación. Si primero ves de dónde salió cada cifra —y abres dos al azar—, entras al análisis con la duda encendida. Es el mismo material en distinto orden y cambia por completo lo que detectas.
Ejercicio 3 — El remate
El último tramo de cualquier entregable es el que la IA no puede poner, porque depende de información que no tiene: quién lo va a leer, qué pasó en la junta pasada, qué palabra usó el cliente cuando se molestó, qué no se puede prometer porque operaciones no da abasto.
El ejercicio es tomar un entregable que ya salió bien y responder tres preguntas por escrito antes de mandarlo:
- ¿Qué sé yo que esto no sabe? Una frase. Si no tienes ninguna, o el trabajo era trivial o tú no conoces el contexto —y las dos cosas son información sobre ti.
- ¿Qué parte de esto no me atrevería a defender en una junta? Bórrala o consíguete el respaldo. Ese es el filtro de lo que se publica.
- ¿Qué le agrego que solo yo podría agregar? Un ejemplo de tu operación, un número tuyo, una advertencia que viene de haberte equivocado antes.
Un equipo comercial que hace esto con cada propuesta agrega en promedio dos párrafos: uno con el caso del cliente parecido y otro con lo que no incluye la propuesta. Esos dos párrafos son los que cierran. El resto lo pudo haber escrito cualquiera, y hoy literalmente cualquiera lo puede escribir.
Cómo se practican sin que sea otra tarea
No apartes tiempo para esto. No lo vas a hacer. Métete los tres ejercicios en trabajo que ya tenías que entregar:
- La elección en la pieza importante de la semana. Una sola. Cinco versiones y tu papelito.
- El remate en todo lo que salga de tu nombre. Son tres minutos y es el que más cambia el resultado desde el primer día.
- La revisión una vez al mes, sobre un documento que le importe a alguien más.
Y una regla de higiene que vale más que los tres ejercicios juntos: haz a mano, de vez en cuando, algo que ya sabes automatizar. No por nostalgia. Porque si nunca vuelves a tocar el trabajo por dentro, en dos años vas a poder pedirlo pero no vas a poder juzgarlo, y ese es exactamente el puesto que sí es reemplazable.
Si quieres empaquetar todo esto para que no dependa de tu memoria, en la guía de la skill de criterio está cómo dejarlo escrito, y en la del mentor que no te da la razón está cómo evitar que el modelo te aplauda todo.