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Kit para arrancar en consultoría de IA

Las 3 lecturas de cómo cobrar de esto —vendas consultoría, la compres, o te vuelvas el líder de IA de tu equipo— más los prompts de cada una.

Hay dos formas de perder tiempo con esto. Una es estudiar seis meses de herramientas antes de hablar con un solo negocio. La otra es lanzarte a vender "automatización con IA" sin saber qué estás vendiendo, y descubrir en la tercera junta que el cliente esperaba otra cosa.

Lo que sigue son tres lecturas del mismo tema. La misma habilidad —traducir un proceso roto a un sistema que funciona— se cobra de tres maneras según desde dónde la ejerzas: vendiéndola por fuera, comprándola bien, o siendo el que la mete dentro de su propia empresa.

Cada una viene con su prompt completo. La tercera es la que más gente debería estar tomando y la que casi nadie considera.

Lo que compra un cliente

No compra IA. Compra que deje de doler una cosa específica: que la cotización tarde tres días, que nadie sepa en qué va cada pedido, que el reporte del lunes se arme a mano copiando de cuatro lados.

Esto tiene una consecuencia práctica. La propuesta no se escribe en el idioma de la herramienta, se escribe en el idioma del dolor. "Implementación de agentes con modelos de lenguaje" no le dice nada a un director de operaciones. "Que la cotización salga el mismo día sin que tú la revises" sí, y además se puede medir.

La segunda consecuencia: lo que más se paga no es construir, es decidir qué construir primero. Casi todos los proyectos que veo fracasar no fallaron en la ejecución, fallaron en la elección.

Las tres lecturas

1. Vender consultoría

El arranque más rápido no es un servicio de implementación: es un diagnóstico pagado. Chico, acotado, con entregable. Te paga el aprendizaje, te da acceso a la operación real y te pone en posición de proponer lo que sigue con datos en la mano en vez de con una plantilla.

La regla que uso: nunca propongo antes de haber visto el proceso corriendo. Una junta donde el cliente cuenta cómo trabaja y una donde te enseña la pantalla son dos negocios distintos.

Eres mi socio en un despacho de consultoría de IA. Prepárame el
diagnóstico para este cliente.

CLIENTE: [industria, tamaño, a qué se dedica]
LO QUE ME DIJO EN LA PRIMERA LLAMADA: [pega tus notas]
LO QUE YA SÉ HACER: [tus habilidades reales]

Devuélveme:

1. LAS 12 PREGUNTAS del diagnóstico, ordenadas para una sesión de
   90 minutos. Que apunten a volumen, tiempo, quién lo hace hoy y
   qué pasa cuando sale mal. Nada de preguntas sobre qué
   herramientas les gustaría usar.

2. LOS TRES PROCESOS candidatos según lo que ya me dijo, cada uno
   con: cuánto tiempo consume al mes, qué tan repetible es, qué tan
   caro es equivocarse, y qué tan fácil sería medir la mejora.

3. EL QUE NO DEBERÍA TOCAR primero, y por qué. Quiero poder decir
   que no a algo en la propuesta.

4. LA PROPUESTA de una página: problema, qué entrego, en cuánto
   tiempo, cómo se mide el resultado y qué necesito de su lado.
   Escríbela en el lenguaje del cliente, sin nombres de modelos ni
   de herramientas.

No inventes cifras del cliente. Donde falte un dato, escribe la
pregunta que tengo que hacer para conseguirlo.

Para quién: el que quiere facturar por su cuenta y ya tiene una habilidad técnica o de proceso que puede sostener.

2. Comprar consultoría sin que te vean la cara

Del otro lado del escritorio la habilidad es distinta: saber qué preguntar para distinguir a quien ha implementado de quien leyó el anuncio. Casi todas las propuestas malas se caen con tres preguntas, y ninguna es técnica.

La señal más confiable no es el portafolio: es cómo contesta cuando le preguntas qué se rompió en su último proyecto. Quien ha construido tiene una historia concreta. Quien no, contesta con generalidades sobre el cambio cultural.

Voy a contratar a alguien para un proyecto de IA en mi empresa.
Ayúdame a evaluarlo.

MI EMPRESA: [industria, tamaño]
LO QUE QUIERO RESOLVER: [el problema, no la solución]
LA PROPUESTA QUE ME MANDARON: [pégala completa]

Devuélveme:

1. QUÉ ESTÁ VENDIENDO EN REALIDAD. Traduce la propuesta a lenguaje
   llano. Si hay partes que no dicen nada concreto, señálalas
   textualmente.

2. LO QUE FALTA. Qué debería estar en la propuesta y no está:
   supuestos, dependencias de mi lado, qué pasa si el resultado no
   llega, a quién le quedan los accesos y los datos al terminar.

3. LAS 10 PREGUNTAS para la siguiente junta. Al menos tres tienen
   que ser sobre proyectos que ya hizo y qué falló en ellos.

4. LAS BANDERAS ROJAS que ya se ven, con la frase exacta de la
   propuesta que las levanta.

5. CÓMO SE VE UN BUEN PRIMER ENTREGABLE en este proyecto, para que
   yo pueda pedir uno chico antes de firmar todo.

Para quién: dueños, directores de operaciones y cualquiera que vaya a firmar el cheque.

3. Ser el líder de IA de tu equipo

Esta es la que más rinde y la que menos gente toma. No requiere renunciar ni conseguir clientes: requiere elegir bien el primer proceso adentro de donde ya trabajas, entregarlo, y contarlo con números.

El movimiento clave es empezar por un proceso que te duela a ti. Si el primer proyecto es de otra área, dependes de que otro te dé tiempo y datos, y ahí mueren casi todos los intentos internos.

Trabajo en [área] de [empresa]. Quiero volverme la persona de IA de
mi equipo sin cambiar de puesto.

MI TRABAJO SEMANA A SEMANA: [descríbelo con horas aproximadas]
LO QUE MÁS ODIO HACER: [lista]
HERRAMIENTAS QUE PUEDO TOCAR SIN PEDIR PERMISO: [lista]
LO QUE ESTÁ PROHIBIDO EN MI EMPRESA: [datos, herramientas, accesos]

Devuélveme:

1. LOS TRES CANDIDATOS a primer proyecto, ordenados por relación
   entre horas ahorradas al mes y dificultad. Solo procesos que
   dependan de mí.

2. EL PLAN DE 30 DÍAS del primero: qué construyo, en qué orden, y
   qué mido antes de empezar para poder comparar después.

3. LA MEDICIÓN. Qué dato tengo que tomar hoy, antes de tocar nada.
   Si no hay forma de medirlo, dímelo y cambiamos de proyecto.

4. CÓMO LO CUENTO. El mensaje de cuatro líneas para mi jefe cuando
   esté listo: qué se hacía antes, qué se hace ahora, cuánto tiempo
   se ahorró, y qué propongo que sigue.

Sin lenguaje de transformación digital. Escribe como se habla en
una junta de operaciones.

Para quién: el que ya tiene trabajo y quiere que la IA le cambie el puesto, no la empresa.

Cómo se cobra

Tres estructuras, y las tres conviven bien:

Lo que no recomiendo es cobrar un porcentaje del ahorro. Suena justo y en la práctica se vuelve una discusión de contabilidad con alguien que ya no quiere pagarte.

El paso que todo mundo se salta: medir antes de tocar nada. Si no tomas el dato del "antes" —cuántas horas, cuántos errores, cuántos días—, tu resultado va a ser una anécdota. Y sin número, la renovación depende de que al cliente le hayas caído bien. La medición previa toma una tarde y es lo que convierte un proyecto en un caso que puedes vender diez veces.

El error que se repite

Empezar por la herramienta. Elegir la plataforma, montar el flujo, y luego buscar dónde encaja. Lo he visto en despachos nuevos y en equipos internos, y termina igual: una automatización elegante corriendo sobre un proceso que nadie usa.

El orden que funciona es aburrido. Miras el proceso corriendo, tomas el dato de cuánto duele hoy, eliges lo más repetible y lo menos riesgoso, entregas algo chico, lo mides, y con ese número te ganas el siguiente. Para elegir bien el primero está la auditoría que te dice exactamente qué automatizar, y si vas a montar el despacho, los servicios que un negocio sí paga te ahorran inventar el catálogo desde cero.

La habilidad que se cobra no es prompting. Es mirar una operación y saber cuál de las once cosas rotas es la que hay que arreglar primero.

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